El Cardenal

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Sobre cómo me anestesio de ti.

No hay receta o pócima
para arrancar de mis membranas
tu nombre.
Es contra corriente vomitar
tus besos
y
de muy mal gusto
luchar contra el tiempo.
Fumo y bebo
es todo lo que soy.
Lo que espero
es que un buen día
ya no estés en mis recuerdos
y que yo
siga en todos tus pretextos
en tus membranas reproduciendo
a todas horas la palabra
te quiero.


por: JESÚS MANUEL CRESPO

Jesús Manuel Crespo Escalante. Yucatan, México (1984).
Estudió en la escuela de escritores de Mérida. Ha publicado en revistas electrónicas como Delatripa, Sinfín, Monolito, Tierra de letras y Pluma y tintero. También está incluido en el libro poetas de Yucatán 1970, 80´s y 90´s del escritor Adán Echeverria.

Por el mañana

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El día en que hicimos contacto pasó rápidamente a la historia. Al igual que otras fechas de importancia, como el 25 de agosto del 2012 o el 5 de septiembre de 1977. Desacostumbrados al pensamiento histórico, al devenir de la sociedad y debido al crecimiento de la interrelación con la tecnología de pantalla sin contacto humano, el siglo XXI llegó lentamente a su fin. Los parámetros económicos aún mostraban la cercanía con la debacle definitiva; el sistema político seguía siendo controlado por unos pocos que fingían gobernar en nombre de otros muchos; la cultura se encontraba cuasi finiquitada y los museos se habían convertido, junto con las bibliotecas, los archivos y cualquier rémora anterior al advenimiento de los chips subcutáneos de transferencia de datos en tiempo real, en meros receptáculos de polvo o en el destino de funcionarios políticos de segunda línea (cuando no de tercera), sin formación alguna para ocupar dicho puesto.


Quien conozca la conformación de los estados nacionales, previos a los estados continentales, sabrá que durante el siglo XX sucedía exactamente lo mismo.

Cuando la sonda de espacio profundo Voyager-1 atravesó finalmente la heliopausa la humanidad en su conjunto se desentendió de ella. La falta de presupuesto, además de un verdadero interés en lo que pudiera encontrar, llevó a que nadie analizara en tiempo real la recepción de las señales de esta sonda, ni las de su compañera, la Voyager-2. La única persona asignada para ello llevaba varios años de atraso en la comprobación de los datos.


En algún momento de la década de 2070 las señalas de la Voyager original comenzaron a llegar acompañadas por otra serie de señales que provenían en la misma dirección desde algún lugar de la galaxia. Eran saludos y comentarios que respondían a los contenidos de los discos de oro incluido en las sondas y, también, una invitación a llevar adelante algo que carecía de traducción exacta en cualquier lenguaje humano. Una invitación a un torneo, a una competencia, pero que también podría entenderse como un enfrentamiento, un reto, una pugna en torno a la supervivencia de la humanidad, en el caso de que esta perdiera, o de los extraterrestres que enviaban tan extrañas señales que se enfrentarían a nosotros. Las dificultades estribaban en que los lingüistas no se ponían de acuerdo en el sentido exacto del contenido de la a invitación; tampoco los sociólogos, pero como nadie se había molestado en preguntarles, sus debates bizantinos que no resultaban de interés, comenzaron y se acabaron sin generar impacto alguno en la sociedad.

Treinta años después de que comenzaran los primeros mensajes, cuando se logró descifrarlos, comenzó la completa militarización de la sociedad. Se cerraron las pocas universidades que permanecían funcionando (en algunos casos sin que nadie comprendiera cómo lo hacían), se dejaron de lado los planes sociales de mejoramiento de las viviendas, la salud, el arte y el trabajo, y el presupuesto mundial se derivó a la producción de alimentos racionalizados según la estrategia de guerra permanente, y la construcción de armas que pudieran ser lanzadas al espacio.

A mediados del siglo siguiente, dos generaciones completas habían nacido y sido criadas, en el contexto de una guerra inminente que se dilataba más y más junto con las discusiones de los diferentes lingüistas que aún perduraban en su intento por descifrar los mensajes. Eran los únicos científicos, junto con los matemáticos necesarios para el desarrollo de los proyectiles balísticos interplanetarios, que continuaban recibiendo subvenciones estatales para sus investigaciones.


Entonces surgieron las primeras naves en el límite de la heliósfera, lo que permitió que las comunicaciones fueran más fluidas, pero no por ello menos equívocas.

Los extraterrestres no hablaban nuestro idioma, nosotros no hablábamos el suyo; incluso la base del lenguaje de sus computadoras era diferente al nuestro, ya que no se basaba en el lenguaje binario sino en el trinario. Ellos hacían señas, nosotros entendíamos sonidos.
Y, también, viceversa.

Continuaron acercándose a una velocidad que se acercaba a la máxima lograda por cualquier objeto construido por el hombre disculpándose por utilizar una velocidad tan baja ya que no pretendían causar alteración alguna en el campo magnético de los planetas exteriores, ni en nuestra estrella. Dimos a entender que comprendíamos sus razones, pero nadie supo jamás de qué hablaban.

Tomaron posesión de Marte con sus naves nodrizas. Allí pudimos verlos por primera vez; eran pequeños seres verdes y de aspecto humanoide que esperábamos ver; aunque no por ello respondían al estereotipo de los alienígenas invasores. Al menos no en un primer momento. Claro que nos sorprendió que confirmaran la construcción estética que se hiciera en los documentos audiovisuales de la segunda mitad del siglo XX sobre este tipo de seres. Pero hubo poco tiempo para nuevas discusiones.

Desde Marte continuaron viaje hasta la Luna en naves más pequeñas y veloces, similares a un avión monoplaza, en las que varios de esos seres entraban cómodamente. Aguardaron allí varios días sin hacer otra cosa más que esperar una respuesta a su desafío por parte de la humanidad. Desafío cuyas reglas ni siquiera habían sido consideradas ya que desde un primer momento se asoció la idea de desafío a la guerra.

Al ver que nadie respondía volvieron a lanzar su desafío a la humanidad entera. No utilizaron una única línea de comunicación sino que, ante el primitivismo de los sistemas de encriptación de datos humanos, cada persona tuvo acceso directo a lo que pretendían los extraterrestres en su dispositivo más cercano. Algo que, a decir verdad, y luego de tantos años de preparación, resultaba, como mínimo, un anticlímax.

No buscaban una guerra, no querían una batalla, no les interesaba un combate, no pretendían un enfrentamiento entre especies diferentes. Ni ninguna otra cosa similar para evitar continuar acumulando sinónimos.

Querían algo un poco, digamos, diferente. Algo que se podría haber comprendido con mayor facilidad de haberse recordado el contenido de los discos dorados de las Voyager.

Los visitantes no medían la inteligencia de los pueblos con los que entraban en contacto por su capacidad beligerante, sino por sus creaciones artísticas, intelectuales e intelectualmente artísticas, cuando no artísticamente intelectuales. La capacidad de destrucción de una especie determinada los tenía sin cuidado, ya que fácilmente podían superarla; era la capacidad creadora la que entendían que determinaba el valor real de una especie. Y, por lo tanto, su capacidad de supervivencia.

Le permitían continuar adelante a aquella especie que demostrara poseer aún la más mínima capacidad artística, más allá de sus capacidades científicas para la construcción de una sonda de espacio profundo utilizando su propia inteligencia. Por otro lado, aquellas especies que lograban escapar del encierro de su propio planeta dedicándose meramente a la búsqueda del conocimiento por el conocimiento mismo, la extracción sin más de recursos, o el simple impulso de la guerra, eran borradas, de manera inmediata, de cualquier plano de la existencia.

Contaban con las herramientas necesarias para cumplir con su palabra; cierto que no las mostraban, tampoco resultaba necesario. Se las intuía en la forma en la que se manejaban tan libremente frente a la intranquilidad del humano seleccionado aleatoriamente como único representante de la humanidad para llevar adelante el desafío, en la Luna, y transmitido tanto a la Tierra como al mundo de origen de los recién llegados. Aquel soldado humano, entrenado desde su nacimiento para la guerra, la muerte y la destrucción, temblaba cada vez que apoyaba, sin destreza alguna para manipular algo tan diferente a un arma, el pincel sobre el lienzo, que temblaba sobre su caballete con peligro de caerse en la falsa gravedad artificial, que los extraterrestres habían elegido como campo de batalla.


por: José A. García

José A. García. Buenos Aires, Argentina (1983).
Escritor, guionista de historietas, blogger y profesor de historia. Participa en diferentes publicaciones independientes de Argentina, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, México y Venezuela; con cuentos, artículos e historietas realizadas con diferentes dibujantes. Publicó el libro de cuentos Fábulas del cuaderno verde (2014) con Textosintrusos.

Crónicas del encierro 2

Blancanieves de Jazmín Varela. Tomada de Flickr

Cuando el rey decretó el aislamiento social preventivo y obligatorio, todo el cuento se
detuvo. Habían pasado muchos años desde que el cazador la abandonara en el bosque, y ella encontrase la pequeña casa del claro.

—Si cocinas, haces las camas, lavas y mantienes todo limpio y ordenado, entonces
puedes quedarte con nosotros —le habían dicho sus habitantes.

Antes, ellos se iban a trabajar en la mina de la montaña; y ella hacía las tareas, si no con felicidad, al menos con eficiencia; pero ahora, la mina estaba cerrada y ellos se
quedaban en casa.

Por una parte, ella estaba custodiada; y aunque la reina violase la prohibición de circular —que para eso era reina, convengamos—, no podría ni acercarse a la casita del bosque; pero, por otra parte, imaginen ustedes: ocho personas confinadas en ochenta metros cuadrados. Ella, la única mujer. No. Imaginan mal. No es esa clase de cuento. Sitúense en aquella época, con el patriarcado a la máxima expresión: medias, camisas, pantalones y calzoncillos tirados por cualquier parte; platos, cubiertos y muchos, muchos vasos de cerveza en la mesa, la cocina, el hogar de leña; botellas caídas y su contenido volcado en piso, manteles y hasta cortinas; ronquidos exasperantes hasta el mediodía; sin momentos para ella, y apenas la posibilidad de higienizarse una vez a la semana, siempre que el fuentón no estuviese ocupado y ninguno de los siete mirando. Demasiado para cocinar, mucho para lavar, montañas de ropa para coser, y la imposibilidad de mantener el orden y la limpieza. Un cansancio extremo y continuo hizo que envejeciera años en apenas dos meses.

Cierta mañana, en palacio, la reina hizo la consabida pregunta al espejo, y éste le respondió como antes, como en el pasado:

—Tú, mi reina.
Todo había vuelto a la normalidad.

por: daniel frini

Daniel Frini. Córdoba, Argentina (1963)
Es Ingeniero Mecánico Electricista por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Escribe en varios blogs literarios y ha participado en antologías de varios países como México, España, Colombia. Su más reciente libro publicado es La vida sexual de las arañas pollito (2019), Color Ciego Ediciones; San Luis, Argentina. Es escritor y artista visual.

En la pesadilla

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La gente se confunde;

sus ojos se rayan, la demencia

los extravía en la borrasca,

el desaliento los envuelve.

Ellos van repletos de desidia;

sus soles se quiebran, la cólera

los empuja hacia el descontrol,

el vicio los comprime.

La muchedumbre se asfixia;

sus venas se dañan, la oquedad

los absorbe en la quietud,

el desespero los enfría.

Desunidos andan sin naturalidad; 

sus halos se estallan, la apatía

los deja en la amargura,

el fracaso los consume. 

por: rusvelt nivia castellanos

Rusvelt Nivia Castellanos. Ibagué-Tolima, Colombia (1986).
Comunicador social y periodista por la Universidad del Tolima. 
Participa en el taller de cuento; Hugo Ruiz Rojas, Universidad del Tolima.

Estados

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De pronto todo

nace y muere en mí;

entonces soy tantos nombres

que preguntan.

Entonces soy mañana,

tardes, noches

y ese día que alumbra 

el porvenir.

Entonces soy futuro

que no se alcanza,

ese pasado que 

se idealiza

y aún me llama.

Entonces soy presente 

que es hazaña

y me hace vivir,

esa sonrisa que calma

y confía.

De pronto todo

nace y muere;

los estados de ánimo

que nacen en mí.

por: Enrique A. Llamas ramírez

Enrique A. Llamas Ramírez. Guanajuato, México (1986).
Formación autodidacta. Ha participado en la red de tertulias literarias Guanajuato, ha aparecido en la antología Letras Interiores y en varias revistas digitales e impresas.

Ante tu partida

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Fiel compañera, viste como llora el crepúsculo

como si sus lágrimas deslizaran ríos sacrílegos

donde me hundo hasta perder la conciencia

y te busco en el profundo abismo de tus horas.

Ahora que el desierto ahoga los suspiros rojos

de tus labios marchitos como flores carnívoras

que han devorado la fe en un digno amanecer

a tu lado, como en los tiempos remotos de la fe.

Cuando mirabas a través de los impulsos ciegos

y yo te miraba en la claridad de tu pecho florido

ambos frente a frente como ante el espejo puro

como dos sombras que se difuminan ante el sol. 

Amiga leal, te has ido, y no escucho sino ruidos

que hieren los tímpanos que idolatraban tu voz

aquella diosa camuflada en lo etéreo y lo divino

y en la más bella de las reencarnaciones del fuego. 

por: FRancois villanueva

Francois Villanueva. Ayacucho, Perú (1989)
Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). Es autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018) y Cementerio prohibido (2019). 

 

1° de mayo

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La marcha era demencial.

El constante torrente de ideas

se vertía por el desagüe

de la desigualdad,

como el agua que se estrella

contra las rocas.

Ellos eran olas que vienen y van.

El vals de la muerte

acompañaba sus epidémicas luchas

con el clavecín de una revolución barroca.

¿Cómo se puede detener el caudal de la inexactitud

cuando cada lucha se pierde en el devenir histórico?


por: Duraham lapitp

Duraham Lapitp. Cúcuta-Norte de Santander, Colombia (1990).
Estudió Banca y Finanzas en las Unidades Tecnológicas. Lanza su primer libro “Mellon Collie y la Infinita Desolación” en la Casa del Libro Total de la ciudad de Bucaramanga, también aparece en la primera edición digital del periódico La Eskina en enero de (2019) y hace un relanzamiento en la Alianza Francesa.

Quédate en casa

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“Solo me encerré para después poder salir de aquí”.

He pasado 37 años sin enterarme 

sigo aquí en la superficie redonda 

he sabido que esta es la vida.

Hace unos meses, en el día de nuestro cumpleaños,

una amiga gritó “lo hemos logrado”

pero sé que no es así.

Creo en la transformación de la forma 

en la continuación natural de la vida,

tengo 37 años y 108 poemas.

No es suficiente este arresto

ahora lo  que necesito es conocerme 

detesto el sueño amargo de la religión,

la imagen de los violadores.

No queda otra medida que quedarnos en casa

para dejar de vivir el exabrupto de esta ciudad,

de quejarnos del mal olor de las calles,

del fastidio de la gente acumulada;

pero sin dejar de ver robos, asesinatos,

y campañas políticas en las noticias. 

Ahora tengo 38 años

un montón de hojas me quedan;

libros recuperados, 

una computadora vieja,

dos trajes para vestir un poco bien,

unos tenis y una cuerda para hacer ejercicio,

un balcón por donde se desliza mi reflexión,

música que me recuerda 

la vida anterior a mi nacimiento. 

Hoy me preguntó mi sobrino,

inquieto a la soledad que ve en mi vida:

¿alguien te acompaña?

La respuesta no estaba clara para mí

Hace años, otro sobrino me había hecho esa pregunta, 

la misma respuesta le di, discretamente.

Las generaciones viven, y nuestra vida está ahí, 

al aire libre, sola, sin salir.

¿Cómo abrazar a los muertos este año?

si estamos tan lejos de los cuerpos, 

si estuvimos lejos de su vida estos últimos meses,

si acaso una llamada algún día les hicimos,

¿cómo abrazaremos a nuestros muertos?

por: Ricardo durán ruiz

Ricardo Durán Ruiz. México (1981)
Gastrónomo. Actualmente participa en talleres literarios en Casa del Lago y esta trabajando en dos libros de poesía.

Reseña: Todo lo que sucedió con Miranda Huff

Título: Todo lo que sucedió con Miranda Huff.

Autor: Javier Castillo.

Editorial:Penguin Random House, Barcelona.

Fecha: 2019.

En las siguientes líneas se plantea la reseña de la obra Todo lo que sucedió con Miranda Huff, un texto narrativo del subgénero thriller y suspenso psicológico. Sin embargo, antes de sumergirnos en comentarios descriptivos, analíticos y críticos sobre la obra es preciso que en principio conozcamos quién es su autor.  Por ende, en primer lugar abordaremos de manera breve datos biográficos precisos sobre este y en segundo lugar, nos aproximaremos a la novela. 

     Respecto a su autor, se trata de un novelista español  nacido en 1987 llamado Javier Castillo quien creció en Málaga, se formó en estudios empresariales y además posee un Máster en Management en ESCP Europe. Trabajó como consultor de finanzas pero a partir de la publicación de su primera novela, se dedica a la escritura. Entre sus primeras obras literarias se encuentran El día que se perdió la cordura (2017), que tras su aparición se convirtió en un éxito editorial y fue impresa en varios idiomas. Seguidamente su segunda novela, El día que el amor se perdió (2018), logró afianzar a Castillo como una nueva promesa del suspenso en idioma español. Tras los éxitos anteriores, en el año 2019 publica su tercera novela, objeto de este trabajo, Todo lo que sucedió con Miranda Huff, una intrigante obra al mejor estilo detectivesco y en la actualidad publicó su cuarto libro intitulado La chica de nieve (2020). 

     A partir de estas obras y tras convencer a sus lectores con un excelente despliegue narrativo, Castillo se introduce en los misterios más sencillos de la cotidianidad. Todo con el fin de guiar a sus leyentes hacia situaciones de continua ansiedad vivida a través de los ojos de sus personajes. De esta manera, convierte la lectura en una experiencia de descubrimiento de las emociones más básicas del ser humano, desenterrando sus temores más ocultos. Adentrarse en las páginas de sus novelas se transforma en una experiencia de tensión, llena de momentos excitantes para revelarnos que al final, no todo es lo que parece. 

     Entre algunas de las críticas que ha recibido por su trabajo narrativo se encuentra lo expresado por la prensa española al llamarlo “el Stephen King español” (Abc), “un descubrimiento literario” (La opinión de Málaga) y sobre la obra a reseñar han expresado: “Un ejercicio narrativo pensado para atrapar al lector de manera irremediable hasta que llega a su esperado e incierto desenlace” (La Opinión de Murcia) y “una gran obra de suspense” (La Opinión de Málaga). Con comentarios como estos tras la receptividad de su narrativa, no queda más que proceder a exponer de qué va la novela Todo lo que sucedió con Miranda Huff, asunto que a continuación abordaremos. 

     En relación con la obra, podemos referir a modo de sinopsis que esta trata sobre una pareja en plena crisis matrimonial, Ryan y Miranda Huff. Ambos se dedican a la escritura, él escribe guiones de cine. Tras decidir alejarse al menos por un fin de semana de su aburrida vida marital para avivar la llama del amor, arriendan una cabaña en un bosque conocido como Hidden Springs. Todo marcha según lo planeado. Sin embargo, cuando Ryan hace acto de presencia en la casa se encuentra con una escena algo contradictoria. La puerta abierta, dos copas de vino servido sobre la mesa, Miranda no se encuentra adentro y para completar el cuadro, ya de por sí tétrico, el baño está impregnado de sangre. Es allí donde se inicia un juego macabro perfectamente orquestado con pequeñas gotas de cruel venganza. 

     La situación comienza a complicarse al estar Ryan aparentemente implicado en la desaparición de su esposa. Poco después se descubre el cadáver de una mujer, cerca de la cabaña del presunto homicidio. Las características físicas coinciden en buena medida con las de Miranda. Sin embargo, aunque Ryan respira un poco más tranquilo, las cosas se complican todavía más frente a este nuevo hallazgo pues la mujer es su amante, Jennifer Straus, y ahora es doblemente sospechoso. A su vez, la pesquisa policial logra descubrir e identificar cerca del lugar otro cadáver menos reciente, el de una profesora llamada Paula Hicks y gran antiguo amor de su mentor, James Black. 

     Black es un afamado exdirector, antiguo profesor de cine y amigo personal de Ryan, que produjo una gran película en su momento, la mejor película de todas presuntamente filmada en 1982 y conocida como La gran vida de ayer. En esta película, Black pretendió plasmar todos los tipos de historia. No obstante, esa película ganadora del premio Óscar guarda dos grandes secretos. El primero, su versión original fue filmada en 1976 y el segundo, su protagonista se encontraba desaparecida… hasta ahora. Revelar ambos secretos serán pistas importantes para conocer todo lo que sucedió con Miranda Huff. Las muertes y desapariciones dentro del relato empiezan a estar relacionadas más de lo que casualmente parecen porque al final todos están fundidos en blanco.

     Respecto a aspectos destacados de la obra, podemos señalar que esta atrapa al lector desde el inicio hasta el final llevándolo por los extraños recovecos de la mente humana. Capaz de crear la más dinámica atmósfera en torno al suspenso y drama para enlazar más de una historia de manera simultánea donde presente y pasado se fusionan como uno solo. Además, sus personajes se encuentran muy bien construidos y delineados para intentar responder interrogantes como ¿quién es en realidad víctima y quién victimario? ¿quién es el malo de cada historia? ¿qué tanto creemos conocer a las personas? y ¿hasta dónde es capaz de llegar el ser humano para lograr sus objetivos? Estas respuestas son encontradas de manera reflexiva al adentrarnos en el mundo individual y compartido por los personajes para desentrañar el eterno dilema moral entre el bien y el mal. Todo esto a través de una trama sencilla y adictiva para el lector quien es el verdadero protagonista de esta fascinante historia. 

     En definitiva, Todo lo que sucedió con Miranda Huff resulta una excelente elección de lectura como obra de suspenso psicológico en la que parece muy difícil hallar a Miranda con vida. Una obra fascinante que sin duda alguna animamos a leer y que sigue posicionando a su autor como uno de los grandes de la escritura en español y uno de los mejores en su género. 

por: Ríchard sosa.

Ríchard Sosa.  Caracas, Venezuela (1984)
Profesor egresado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador- Instituto Pedagógico de Caracas. Investigador en el área de la literatura, análisis del discurso, y lectura y escritura. En la actualidad cursa la maestría en Lectura y Escritura. Ha publicado en revistas de investigación y en narrativa ha publicado en Revista Perro Negro (2020) y Revista Literaria Pluma (2020).